Si en la actualidad existe alguna ganadería legendaria, donde se mantiene un tipo de toro antiguo, o por lo menos un prototipo diferente, es en la de Miura, ganadería fundada en 1842, por don Juan Miura, con machos y hembras de la que formara en 1758 el cura de Rota, don Marcelino Bernaldo de Quirós, con sementales navarros y vacas procedentes de los frailes Dominicos de San Jacinto de Sevilla, frailes que con los de los Dominicos de la Cartuja de Jerez que criarían los famosos caballos cartujanos, los de la Compañía de Jesús de Sevilla, los del Real Convento de Santo Domingo de Jerez, los de los Agustinos de la Santísima Trinidad de Carmona o los del Monasterio de San Jerónimo de Sevilla, se dedicaron a criar toros de lidia que eran más lucrativos que para el matadero. De los sementales navarros que intervendrían en su inicio se ignora el propietario, aunque se piensa pudieran pertenecer a Antonio Lecumberri, reses navarras que anteriormente pertenecieron al capellán del Sr. Marqués de Santacara, dado que don Marcelino era navarro. En el año 1790 adquirió la ganadería de
Francisco Gallardo, tras pasar por diferentes propietarios, el lote de Antonio Gil Herrera, le adquiere en 1842 don Juan Miura. El lote de los sres. Echevirregaray y Alvareda quedó en poder de este último, que vende un lote a Antonio Sánchez Bravo, para vender siete años después a Miura por lo que toda la vacada de Francisco Gallardo llegó a manos de la familia Miura. En los años 1851 y 1852, don Juan Miura adquirió a doña Jerónima Núñez de Prado, hermana de la que fuera tercera esposa de don José Rafael Cabrera, y heredada de ésta por haber fallecido el matrimonio sin descendencia, habiendo sido fundada la ganadería de Cabrera, por el padre de su primera esposa don Luis Antonio Cabrera, ganadería que parece ser procedía de los frailes agustinos de la Santísima Trinidad de Carmona, siendo en la actualidad donde se conserva el legendario encaste de Cabrera. Se podría decir que el toro de Cabrera es descendiente directo del primigenio Uro, de testuz recto, frente plana, cara alargada, de gran alzada, largos y agalgados. Don Juan Miura cruzaría parte de la ganadería con dos sementales de José Arias Saavedra, puros Vistahermosa en 1854, a su fallecimiento en 1860 pasó la ganadería a
su viuda doña Josefa Fernández, de quien hereda en 1861 su hijo Antonio Miura, el cual la había llevado siempre en vida del padre. En 1879 intercambió un semental colorao ojinegro del Duque de Vedragua. En este mismo año Rafael Molina Lagartijo indultó el toro de casta navarra Murciélago, colorao, ojo de perdiz, de la ganadería de Pérez Laborda en la Plaza de Toros de Córdoba, regalándosele a la casa Miura. Don Antonio puso el toro con un lote de vacas, comenzando a seleccionar de esa forma, dado que hasta entonces los sementales y las vacas permanecían juntos, realizándose las cubriciones indiscriminadamente. En 1893 la vacada pasa, al fallecer éste, a su hermano Eduardo que llegó a tener mil vacas de vientre. A su fallecimiento en 1917, la vacada pasa a manos de sus hijos don José y don Antonio Miura, los cuales echan el semental Banderillo, marcado con el número 11 de Tamarón a un grupo de vacas; dicho semental era de Tamarón y no del
Conde de la Corte como se ha dicho, pues el Conde compró la ganadería en 1920, vacada en moda de la época para evitar comportamientos de, por ejemplo, querencias a tablas. En 1940 se hace cargo de los miuras don Eduardo, tras cedérsela su padre Antonio y su tío José, suavizando el comportamiento de dichos toros. Desde 1996 tras el fallecimiento de don Eduardo se hacen cargo de la misma sus hijos Eduardo y Antonio.
El actual toro de Miura en realidad es obra de D. Eduardo Miura, fallecido en 1996, el cual, aunque mantuvo las costumbres de la casa, mejoró el comportamiento de los ejemplares, porque a la dureza, agilidad y desarrollo de sentido la vacada
tuvo momentos en que los mismos se aquerenciaban mucho en tablas, desarrollando gran sentido, reduciéndose la vacada considerablemente, manteniéndose sólo las vacas de mejor nota. Como decía D. Eduardo, sólo en esta casa se da el toro de mirada tan seria que hace estremecerse; sus hijos Eduardo y Toto, gran garrochista, continúan su obra, en la finca de Zahariche, de 400 Has. Tienen los machos y las hembras, becerros y sementales en la de Valdelinares, de 270 Has, ambas en el término de Lora del Río. D. Eduardo, como una parte de ganaderos andaluces, dan mayor importancia en los cruces a la madre, a diferencia de D. Atanasio Fernández que daba más importancia a los sementales. D. Eduardo decía que el carácter lo daba la madre y el tipo el padre, por eso no se recuerda que D. Eduardo tentara un macho en la plaza. El hierro de la A con las dos asas, en principio era el hierro de la A con una C en el vértice como un sombrero, pues la familia eran sombrereros, pero la verdad es que Juan Miura su abuelo antes de comprar lo de Cabrera tuvo
una ganadería mansa de Antonio Carigas cuyo hierro era el de la A con la C, aunque al final la añadiría otra C. La divisa de Miura es verde y grana en toda España, excepto en Madrid que es verde y negra, debiéndose esta circunstancia a que existía una ganadería más antigua en la época que lidiaba en Madrid que era verde y grana, cambiándose por esto a verde y negra, y no como se dice que fue por las muertes de dos figuras de entonces en Madrid. Respecto a la leyenda negra, es amplia, dado que toros de Miura causaron muertes como la de Perdigón, colorao ojo de perdiz, que causa la muerte en Madrid a El Espartero, o Jocinero, berrendo en cárdeno que mata en la misma plaza en el debut del hierro en ésta a Pepete, tío abuelo de Manolete, el 20 de abril de 1962; Receptor causaría la muerte a Domingo del Campo «Dominguín»; Chocero al banderillero Llusio; Agujeto al novillero Faustino Posada; en 1930 se produce la muerte del novillero onubense Pedro Carreño; la muerte más importante para este hierro se registró el 29 de agosto de 1947 en Linares, donde Isleño infiere una gravísima
cornada a Manolete de la que fallecería, corrida que estaba comprometida para Murcia, pero cuando Balañá padre, llamó a D. Eduardo para decirle que necesitaba una corrida para Manolete en Linares, este se puso en contacto con el empresario de Murcia y se la cedió a Balañá para Linares. En el campo lo de Miura se pega bastante registrándose bastantes bajas cada año, manteniendo un número de vacas que en 1941 le dejaron a D. Eduardo 250 vacas, aunque ellos llegaron a tener 500, reduciendo la ganadería a la mitad, teniendo entre otras costumbres no errar con el número 13, por tradición, dependiendo en el herradero que las reses procediesen de Cabrera o Vistahermosa, se ponía la muesca en la oreja y el hierro arriba o abajo. Existen muchas anécdotas de la familia; dado que los antepasados de D. Eduardo Miura, fallecido en 1996, no eran partidarios de ir a ver sus corridas a las plazas; de hecho, de su padre hay una entrada de la Maestranza en un marco, dado que él no iba hasta ese día que fue en 1955, y escribió detrás de la entrada lo que le había parecido la corrida; siempre era el mayoral el que le daba la información de cómo había sido la corrida. Al parecer, un día el mayoral le dijo que Belmonte le había agarrado un cuerno a un toro en Sevilla, mandando al mayoral que matase a la madre del toro. Decía D. Eduardo que sus toros son altos, huesudos, no tienen barriga, poco mondongo y pesan mucho. Tienen la piel fina y se les pueden apreciar las venas. No tienen pelo en la cara, son algo cariavacados, y no tienen morrillo; son muy difíciles de enmorrillar. Hay una gran variedad de pelos, prácticamente no hay dos iguales, siendo muy raro ver un negro zaino. Los pitones son de una gran variedad, desde los cornicortos y astigordos como el famoso toro «Catalán», cabeza que está en Zahariche disecada, a astifinos y de desarrollados pitones, siendo su comportamiento cambiante y difícil, aunque en los últimos años se ha suavizado mucho. Desde 1842 que creara la ganadería D. Juan Miura han pasado 162 años de una de las ganaderías legendarias de nuestro campo bravo.