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Erala Romancera
 

Una vez más acudo a esta página de «LaMúsica de los Toros», y lo hago, en esta ocasión, para comentar cómo, cuándo y por qué surge y aflora al papel patuado del pentagrama el torero pasodoble titulado «Erala Romancera». Ello me va a permitir homenajear con mi comentario al personaje para quien fue escrita y compuesta tan torera partitura, mi admirado y distinguido amigo, Don Fernando Claramunt López, doctor en medicina, escritor taurino, conferenciante y prologuista, al tiempo que me brinda la oportunidad de felicitar por enésima vez a ese gran músico y compositor que es mi entrañable amigo y paisano, Don Lorenzo Gallego Castuera. Veamos como surgió y se incorporó al repertorio taurino la partitura de «Erala Romancera». Ya dije en mí anterior comentario músicotaurino, como el buen compositor extremeño, maestro de maestros a la hora de componer y dirigir pasodobles toreros, había escrito y dedicado a su amigo el pasodoble «Fernando Claramunt», y cómo aquél, declinando tan amable dedicatoria, rogó al músico destinase tan torera partitura a honrar la memoria de su padre, durante bastantes años Cirujano Jefe de la enfermería de la plaza de toros de Alicante. Así los hizo el maestro Gallego Castuera, al tiempo que su particular musa, siempre inspirada y torera, le susurraba al oído la melodía de un nuevo pasodoble, esta vez con destino al autor de esa gran obra, en dos tomos, titulada: «Historia Ilustrada de la Tauromaquia». Su entrañable amigo Fernando Claramunt López, tan amante de la música taurina, no podía transitar por el mundo de los toros sin la dedicatoria de un pasodoble torero. Y, como siempre, Don Lorenzo Gallego Castuera, ni corto de musa, ni perezoso de mano, le compone en pocas fechas un precioso pasodoble. Un pasodoble que, como todo recién nacido, aflora al mundo de la música sin nombre. ¿Dónde encontrarlo? ¿A quién recurrir para titularlo? Hay que buscar y encontrar el leit-motiv que ayude a encontrarlo. Y éste surge casi de inmediato. Bastaría que el buen músico leyese uno de estos bellos capítulos del libro, «Del prado a la arena», en el que su autor, Don Fernando Claramunt, relata con sutil y torera pluma, la tienta de una erala, de nombre «Romancera», allá por tierras de Extremadura. Una erala, «Romancera», tan brava, tan encastada, tan noble y tan pastueña, que acabaría por entregarse a la muleta que con mucha torería le ofreciese el escritor. Surge entre ambos un auténtico romance de torería. Un romance que a la postre, serviría para que el doctor Claramunt plasmase en su libro un bellísimo  pasaje torero; al músico trujillano a componer un precioso pasodoble; al pintor Vicente Arnás, a plasmar sobre el papel un precioso y espléndido dibujo, como el que ilustra este comentario; y al poeta Fernando Almansa, a componerle estos preciosos versos:

 

            En el campo de Extremadura

            con jaras en primavera,

            el paso de «Romancera»

            va derramando hermosura.

            Eres una flor silvestre,

            eres la gracia del prado,

            tienes andares de reina,

            de reina del campo bravo.

            Y al llegar a la tienta

            ¡cómo embestías!;

            ¡pobres del picador

            y de las cuadrillas!

            ¡Con amor y furor

            tras de las capas

            brota un temblor de siglos

            de casta brava!

            Es mi erala «Romancera»

            la mejor de la dehesa

            por su estampa y su trapío,

            su bravura y su nobleza.

            Por la gracia que tiene

            mi «Romancera»

            torean las encinas por revoleras.

            ¡Por revoleras, niña,

            por revoleras!,

            ¡Ay cuánto quiero a mi erala,

            mi «Romancera»!

 

Fue estrenado en la plaza de toros de Las Ventas en abril de 1995; el 4 de marzo de 2001, la Banda Sinfónica Municipal de Alicante, dirigida por el propio autor, lo interpretó en un Concierto de Música Taurina comentada, y yo lo incluyo y comento en un concierto de igual naturaleza celebrado en Trujillo, en homenaje a su autor, el día 24 de octubre de 2003. He aquí la historia de un precioso pasodoble que, con los máximos honores, ya forma parte de ese vasto y variopinto repertorio taurino.

 

 

 

 
 
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