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1820
 

Una de las páginas más curiosas contenidas en la vasta historia de la tauromaquia, es, sin duda, la que recoge el trágico fin que tuvo el famoso diestro utrerano Francisco Herrera Rodríguez, más conocido entre la gente del toro por el apelativo de "Curro Guillen". De progenie torera por ambas ascendencias; su padre fue el también torero, Francisco Herrera Guillen y su madre, Patrocinio Rodríguez, estaba emparentada con el célebre Joaquín Rodríguez, "Costillares", pronto se sintió Curro, nacido en Utrera el 13 de octubre de 1775, atraído por tan arriesgada profesión, como es la del toreo, mostrando desde sus comienzos un valor indomable y unas aptitudes para la lidia fuera de lo común, conquistándose el favor de los públicos, no sólo por su donosura y gracejo torero, que los tenía, sino por la maestría y arrogancia con que acometía todas las suertes y la pureza y la garbosidad con que las remataba. Compitió y rivalizó con el cuñado de Pedro Romero, el chiclanero Jerónimo José Cándido, de quién fue banderillero y recibió la alternativa en 1799. La trágica muerte le llegó a "Curro Guillen" el 20 de mayo de 1820 en la plaza de toros de Ronda —la plaza de los toreros machos—, adonde acude el animoso Curro dispuesto a vencer con su sevillanísimo toreo adornado con galleos y ceñidos recortes, la hostilidad del público rondeño, que desde el primer momento lo recibió con total frialdad y duras muestras de desagrado. Se lidiaron toros de la entonces famosa ganadería de don José Rafael Cabrera, y cuando "Curro Guillen" se disponía a matar a volapié a "Guapetón", toro causante de su muerte, un aficionado llamado Manfredi, que al parecer capitaneaba a tan intransigentes aficionados, dirigiéndose al diestro, le gritó: "Reciba usted a este toro". Curro —que no dominaba esta suerte— herido en su amor propio, citó a recibir, y como no diera bien la salida con la mano izquierda, fue enganchado por el muslo derecho y arrojado contra las tablas. El banderillero Juan León al intentar hacerle el quite se echó materialmente sobre los cuernos del toro, que embistiendo de nuevo a Curro, le introdujo el pitón izquierdo por el costado derecho, saliendo hacia los medios con ambos toreros colgados, cada uno de una de sus astas, lanzándolos al aire. "Curro Guillen" se incorporó, dio unos pasos, muriendo en el callejón, en brazos de su compadre, el contratista de caballos, Francisco Camaño. De la figura de "Curro Guillen", muerto por el reto de un desaforado aficionado, quedaría en el recuerdo del pueblo una cuarteta cantada en tardes triunfales:

                                                          

 

                                                           "Bien puede decir que ha visto

                                                           cuanto en el mundo hay que ver

                                                           quien ha visto matar toros

                                                           al señor Curro Guillen".

 

 

 

 
 
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