El Museo Taurino de Valencia fue inaugurado el 25 de Julio de 1929. La mayor parte de sus fondos proceden de un generoso legado del gran aficionado Luis Moróder Peiró, quien a su muerte cedió a la Diputación de Valencia la colección de objetos y libros taurinos que poseía. Esta aportación, junto con la colección privada del picador José Bayard “Badila”, constituyeron los fondos del Museo cuando fue inaugurado. Ambas donaciones, recibidas en su día por la Diputación, se efectuaron con el fin de que sirvieran de base para la apertura de un Museo Taurino con carácter permanente en Valencia.
En sus más de setenta años de existencia, el Museo ha sido objeto de diversas modificaciones que han afectado tanto a su estructura como a su contenido. La última de ellas, realizada en julio de 1998, le convirtió en un centro divulgativo y didáctico, en el que aficionados y visitantes pueden disfrutar de una apretada pero completa panorámica de la Historia del Toreo, representada en las figuras de los matadores de toros valencianos de mayor significación de nuestra época. Valencia ha dado innumerables valores a la Fiesta, y de muchos ellos perdura el recuerdo en el Museo de la capital del Turia. Recuerdo que, paseando por él, evocamos con sumo gusto.
El primer matador de quien se tuviera constancia en Valencia fue Juan Esteller “Valenciano”, coletudo de amplios conocimientos y diestro en diversas suertes cuya efemérides más destacada fue de haber participado en la corrida inaugural de la antigua plaza de Madrid el 30 de mayo de 1754.
Los diestros de mayor relevancia del siglo XIX fueron Joaquín Sanz Punteret y los hermanos Fabrilo. Ironía del destino, los tres perdieron la vida en las astas de los toros. El primero había empezado su andadura taurina a las órdenes de Fernando “El Gallo” y Juan Ruiz “Lagartija”. Torero de mucho oficio, destacaba con las banderillas y gozaba de una gran simpatía popular. El toro “Coriano”, de Felipe Victoria, segó su vida en 1888 en Montevideo. Aquél trágico suceso originó la prohibición de los festejos taurinos en Uruguay. El también levantino Julio Aparici llevaba el apodo de “Fabrilo” porque
trabajaba en una fábrica textil llamada “La Fabril”. Torero valiente y de agraciada presencia fue otro gran rehiletero y gozó de cartel en plazas de Valencia, Cataluña y Francia. “Lengüeto”, de la vacada de José María de la Cámara, le hirió mortalmente en un par de banderillas en el coso de Valencia en mayo de 1897. Por último, su hermano Francisco murió años más tarde, vistiendo el mismo traje de grana y oro que llevaba su hermano el día del fatal percance. La desgracia ocurrió al entrar a matar a “Corucho”, de Pablo Romero, en la misma plaza levantina.
En los albores del siglo XX emerge la figura de José Pascual Olmos “Valenciano”, coletudo que aunque algo tosco, sobresalió como excelente estoqueador. El matador de Alfarrasí Isidoro Marti Flores y el catarrojano Antonio Carpio precedieron la efímera llegada a las cimas del escalafón del malogrado Manuel Granero. La cabeza del toro del doctorado, “Doradito”, de Concha y Sierra, está expuesta en el Museo como recuerdo de aquella tarde sevillana de 1920. El creador del pase de la firma pagó a su vez el tributo de la gloria en una de las cogidas más espeluznantes que se haya presenciado jamás. Aconteció en Madrid en la antigua plaza, y la protagonizó “Pocapena” del duque de Veragua.
Otro matador relevante de esta época era Félix Rodríguez. Natural de Santander fue considerado siempre como valenciano. Su inteligencia y valor sereno unidos a una refinada concepción artística auguraban una situación de privilegio, y sólo una inoportuna enfermedad no dejó que desarrollara las excepcionales condiciones que apuntaba.
La década posterior brindó al Toreo valenciano un selecto ramillete de matadores. Barrera, abuelo del actual Vicente, fue un gran conocedor de la profesión y un poderoso lidiador. Rafael Ponce “Rafaelillo”, tío abuelo de Enrique Ponce, adoptó un estilo recio y de arrojada decisión para
compensar su escasa estatura.
Jaime Marco, “El Choni”, cuya vocación llevó a arrojarse de espontáneo en la Monumental de Barcelona , lucía un toreo refinado y preciosista que le alzó entre los primeros espadas de la época, compartiendo cartel con Manolete, Arruza, Pepe Luis Vázquez y Manolo González. Fue también un torero “consentido” de la afición mexicana. Le sucedieron en representación de la cantera valenciana Francisco Barrios, “El Turia”, que apoderaba Florentino Díaz Flores, y Enrique Vera, que alcanzó la gran notoriedad en relevantes películas de la época como “El último cuplé” y “El Niño de las Monjas”.
En los años 60, destacó el valor y la depurada técnica de Ricardo de Fabra, en medio de un escalafón convulsionado por las heterodoxas formas de concebir el toreo de “El Cordobés”. A su lado, Santiago López evidenció su consumada facilidad para ejecutar la suerte suprema, además de mostrarse un excelente capeador. Y junto a ellos, Julián García quién popularizó el pase del reclinatorio, como lo bautizó Antonio Díaz Cañabate, y que iniciaba sus faenas de muleta arrodillado encima de una silla, como si estuviera rezando.
Otro de los apartados que se pueden visitar en la exposición hace referencia a las figuras valencianas de plata. El Museo ofrece la posibilidad de conocer de forma cronológica, los banderilleros y picadores valencianos más importantes desde la dinastía de los “Ventiundit” hasta los subalternos más importantes de las últimas décadas, como los “Blanquet”, “Morenito de Valencia”, Honrubia, la saga de los Capilla, los Montoliú...
El Museo tampoco olvida la importancia de otro arte del Toreo: el género cómico, que tuvo su origen en las “mojigangas”, que eran representaciones satíricas que surgían en el marco de las novilladas y otros festejos menores. El elenco de toreros cómicos valencianos está integrado por insignes figuras como Tancredo López, “Llapisera”, “Botones” ,“Charlot”, Pablo Celis, Julián Melero... con otras tantas legendarias bandas al instar de El Empastre, El Bombero Torero, El Toronto ... en cuya parte seria se forjaron en el oficio toreros de la categoría de Manolete, Espartaco, Dámaso González, Ortega Cano y algunas de los últimos valores valencianos como Vicente Ruiz “El Soro”, que junto a la maestría de Enrique Ponce y la consolidada trayectoria de Vicente Barrera conforma el plantel más significativo de toreros de la tierra de la última época.
Esta muestra de la Historia del Toreo valenciano se complementa con un estudio de las características fisionómicas del toro y con una pequeña exposición de la evolución histórica de su significado en la sociedad mediterránea, desde su papel como animal de caza y culto en las culturas
prehistóricas, hasta su actual importancia como elemento protagonista de las numerosas fiestas valencianas.
El Museo dedica además una especial atención a la plaza de toros de Valencia, espacio centenario que puede ser visitado desde sus propias instalaciones. En él, se muestra una maqueta a escala de su arquitectura, los carteles más significativos de su historia, así como un recorrido fotográfico por los personajes que, desde diferentes ámbitos de la vida social, tuvieron oportunidad de disfrutar en ella de la Fiesta (actores, músicos, pintores, políticos...).
Como ejemplo del sentido didáctico y formativo que se ha querido dar al Museo, éste cuenta con diferentes servicios complementarios de la propia exposición permanente, y dispone de una sala de exposiciones temporales en las que se presentan muestras relacionadas con la Tauromaquia desde sus diferentes ámbitos.
Sus servicios como espacio museológico incluyen también una biblioteca taurina, una videoteca y un espacio audiovisual, donde se puede estudiar y visionar la Historia de la Tauromaquia Española.
MUSEO TAURINO
Pasaje Doctor Serra, 10
VALENCIA